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UPOA 8 DE MARZO 2019

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7 de septiembre de 2014

CÓRDOBA: GRACIAS A LA IGLESIA, SANEAR CAJASUR HA COSTADO 393 MILLONES DE EUROS DE DINERO PÚBLICO

El saneamiento y reestructuración de Cajasur (caja de ahorros cordobesa),  por parte del FROB, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancario, le ha costado a las arcas públicas un total de 393,533 millones de euros, según se desprende del informe de fiscalización 2009-2012 sobre el saneamiento de entidades bancarias elaborado por el Tribunal de Cuentas, que se ha conocido ahora.
En total el FROB dispuso para el rescate y la reestructuración de Cajasur un total de 2.693 millones de euros procedentes de fondos públicos, de los que cerca de 400 millones no serán devueltos, según asume en su informe el propio Tribunal de Cuentas.

Después de la venta de Cajasur por el Estado Español, tras su intervención, a Kutxabank, el FROB le concedió un crédito de 392 millones de euros para su saneamiento, a los que hay sumar otras cifras menores hasta alcanzar los 393,533 millones. El Tribunal de Cuentas da por perdido ese dinero y asume que no podrá ser devuelto, pues de hacerlo la caja volvería a entrar en pérdidas.
Cajasur era, junto a la Mezquita de Córdoba, el gran negocio de la Iglesia Católica en la ciudad, que controlaba la caja de ahorros. Una parte muy significativa de los miembros del consejo de administración eran miembros del Cabildo catedralicio de Córdoba. Seis miembros del consejo de la caja eran sacerdotes, entre ellos, el último presidente de Cajasur, Santiago Gómez Sierra, hoy obispo auxiliar de Sevilla
El símbolo de esta situación era Miguel Castillejo, sacerdote y presidente de la entidad durante 27 años, hasta julio de 2005, cuando salió de la caja tras un pacto entre el Estado, la Junta y la Iglesia, supuestamente para sanear y enderezar el rumbo de la que entonces era la cuarta caja andaluza, que amenazaba con la quiebra por los negocios especulativos realizados durante el boom del ladrillo. Bajo su dirección Cajasur fraguó sus alianzas con constructoras cordobesas como Arenal, Prasa y Noriega. Como consecuencia, en 2009 la caja tenía atrapados en el ladrillo más de 1.700 millones de euros de sus fondos.
La Inspección del Banco de España, en un informe del 28 de julio de 2009, situó el origen de los problmas de la entidad en los últimos años del mandato de Castillejo, cuando se centró en la financiación de la especulación inmobiliaria. "Cajasur experimentó un cambio de perfil durante los ejercicios 2002-2005 hacia operaciones especulativas en el sector inmobiliario y de elevado importe, que generaron una importante concentración de riesgos por acreditados", se afirma en el informe de la Inspección.
La realidad fue otra. La caja se saneó pero para su venta. Y se vendío a Kutxabank, entidad nacida de la fusión de las tres grandes cajas vascas, con lo que el capital financiero vasco se apoderaba de los fondos de la mayoría de los pequeños y los medianos ahorradores de la ciudad y la provincia, que estaban depositados en Cajasur. Posteriormente sería el capital financiero catalán el que se apoderaría de otra gran tajada del ahorro andaluz con la absorsión de Cajasol por La Caixa.
A la utilización de los ahorros de los cordobeses y el resto de andaluces para la especulación en lugar de para potenciar la economía no fueron ajenos nuestros políticos y los sindicatos “mayoritarios”. Los mismos que ahora se rasgan las vestiduras con la crisis y sus consecuencias socioeconómicas. Los consejos de administración de las cajas de ahorros andaluzas tenían entre los miembros de sus consejos de administración a representantes de dichos partidos y sindicatos. En concreto los consejeros nombrados por PSOE, PP e IU en aquella época de Cajasur eran 12, más otros tres por los sindicatos.
La primera consecuencia del “saneamiento” y la entrada de Kutxabank en Cajasur la sufrieron sus trabajadores. Sólo diez meses después de la llegada de los nuevos dueños a la entidad, casi 700 trabajadores fueron despedidos o prejubilados.
Hubo un proyecto de creación de una gran caja Andaluza, con la fusión de Unicaja, Cajasol y Cajasur, lo que hubiese convertido a la entidad resultante en una de las primeras del Estado. En este proyecto entraba la fusión entre Cajasur y Unicaja. La Iglesia se negó a esa fusión, lo que junto a las maniobras boicoteadoras del capital financiero, que jugo entre otras la carta de las divisiones provincianistas, tan del gusto del españolismo, lo imposibilitó; justificando así la intervención de la caja por el Banco de España y su posterior venta a Kutxabank.
El resultado es una muestra más del carácter neocolonial de nuestra economía, puesto que la consecuencia ha sido que  la mayor parte del ahorro y de las finanzas andaluzas se encuentran actualmente en manos de la gran burguesía vasca y catalana, y por tanto de sus intereses.

La Otra Andalucía