El saneamiento y reestructuración de Cajasur
(caja de ahorros cordobesa), por parte del FROB, el Fondo de
Reestructuración Ordenada Bancario, le ha costado a las arcas públicas un total
de 393,533 millones de euros, según se desprende del informe de fiscalización
2009-2012 sobre el saneamiento de entidades bancarias elaborado por el Tribunal
de Cuentas, que se ha conocido ahora.
En total el FROB dispuso para el rescate y
la reestructuración de Cajasur un total de 2.693 millones de euros procedentes
de fondos públicos, de los que cerca de 400 millones no serán devueltos, según
asume en su informe el propio Tribunal de Cuentas.
Después de la venta de Cajasur por el
Estado Español, tras su intervención, a Kutxabank, el FROB le concedió un
crédito de 392 millones de euros para su saneamiento, a los que hay sumar otras
cifras menores hasta alcanzar los 393,533 millones. El Tribunal de Cuentas da
por perdido ese dinero y asume que no podrá ser devuelto, pues de hacerlo la
caja volvería a entrar en pérdidas.
Cajasur era, junto a la Mezquita de
Córdoba, el gran negocio de la Iglesia Católica en la ciudad, que controlaba la
caja de ahorros. Una parte muy significativa de los miembros del consejo de
administración eran miembros del Cabildo catedralicio de Córdoba. Seis miembros
del consejo de la caja eran sacerdotes, entre ellos, el último presidente de
Cajasur, Santiago Gómez Sierra, hoy obispo auxiliar de Sevilla
El símbolo de esta situación era Miguel
Castillejo, sacerdote y presidente de la entidad durante 27 años, hasta julio
de 2005, cuando salió de la caja tras un pacto entre el Estado, la Junta y la
Iglesia, supuestamente para sanear y enderezar el rumbo de la que entonces era
la cuarta caja andaluza, que amenazaba con la quiebra por los negocios
especulativos realizados durante el boom del ladrillo. Bajo su dirección
Cajasur fraguó sus alianzas con constructoras cordobesas como Arenal, Prasa y
Noriega. Como consecuencia, en 2009 la caja tenía atrapados en el ladrillo más
de 1.700 millones de euros de sus fondos.
La Inspección del Banco de España, en un
informe del 28 de julio de 2009, situó el origen de los problmas de la entidad
en los últimos años del mandato de Castillejo, cuando se centró en la
financiación de la especulación inmobiliaria. "Cajasur experimentó un
cambio de perfil durante los ejercicios 2002-2005 hacia operaciones
especulativas en el sector inmobiliario y de elevado importe, que generaron una
importante concentración de riesgos por acreditados", se afirma en el
informe de la Inspección.
La realidad fue otra. La caja se saneó
pero para su venta. Y se vendío a Kutxabank, entidad nacida de la fusión de las
tres grandes cajas vascas, con lo que el capital financiero vasco se apoderaba
de los fondos de la mayoría de los pequeños y los medianos ahorradores de la
ciudad y la provincia, que estaban depositados en Cajasur. Posteriormente sería
el capital financiero catalán el que se apoderaría de otra gran tajada del
ahorro andaluz con la absorsión de Cajasol por La Caixa.
A la utilización de los ahorros de los
cordobeses y el resto de andaluces para la especulación en lugar de para
potenciar la economía no fueron ajenos nuestros políticos y los sindicatos
“mayoritarios”. Los mismos que ahora se rasgan las vestiduras con la crisis y
sus consecuencias socioeconómicas. Los consejos de administración de las cajas
de ahorros andaluzas tenían entre los miembros de sus consejos de
administración a representantes de dichos partidos y sindicatos. En concreto
los consejeros nombrados por PSOE, PP e IU en aquella época de Cajasur eran 12,
más otros tres por los sindicatos.
La primera consecuencia del “saneamiento”
y la entrada de Kutxabank en Cajasur la sufrieron sus trabajadores. Sólo diez
meses después de la llegada de los nuevos dueños a la entidad, casi 700
trabajadores fueron despedidos o prejubilados.
Hubo un proyecto de creación de una gran
caja Andaluza, con la fusión de Unicaja, Cajasol y Cajasur, lo que hubiese
convertido a la entidad resultante en una de las primeras del Estado. En este
proyecto entraba la fusión entre Cajasur y Unicaja. La Iglesia se negó a esa
fusión, lo que junto a las maniobras boicoteadoras del capital financiero, que
jugo entre otras la carta de las divisiones provincianistas, tan del gusto del
españolismo, lo imposibilitó; justificando así la intervención de la caja por
el Banco de España y su posterior venta a Kutxabank.
El resultado es una muestra más del
carácter neocolonial de nuestra economía, puesto que la consecuencia ha sido
que la mayor parte del ahorro y de las finanzas andaluzas se encuentran
actualmente en manos de la gran burguesía vasca y catalana, y por tanto de sus
intereses.
La Otra Andalucía
