Cualquiera puede observar que en los últimos dos años el precio de la energía
utilizada para producir electricidad ha bajado, pero el recibo de la luz ha
subido.
Un elixir mágico, llamado regulación a la carta (de las compañías
eléctricas, por supuesto), ha conseguido que el consumidor que menos energía
eléctrica gasta sea el que pague más en términos relativos; y viceversa. Una
política racional de precios procuraría que pagasen más (en términos relativos)
los que más gastan, porque eso es lo que dicen los manuales de economía y
porque de esa manera podría buscarse una disuasión del consumo. Pero en España
sucede al revés. ¿Por qué?
