Es indignante que en este país, cada
semana muera alguna mujer (algunas semanas, hasta cuatro), asesinada por su
marido, por su novio, por su compañero sentimental o por su ex.
Voy a empezar por lo más obvio: es indignante que en este país, cada semana
muera alguna mujer (algunas semanas, hasta cuatro), asesinada por su marido,
por su novio, por su compañero sentimental o por su ex. Me parece una auténtica
aberración que pase esto y que nadie haga nada por remediarlo. Porque no nos
vamos a engañar, nadie hace nada, o se hace muy, muy poco, por evitar que estos
asesinatos se lleven a cabo.
Este país es un país de charlatanes, de políticos que hablan mucho y
resuelven muy pocos problemas. En este país estamos tan acostumbrados a que los
políticos salgan en los telediarios pronunciando sus frases de manual
políticamente correcto, que ya no nos produce ni frío ni calor. Y en el tema de
la violencia machista es especialmente sangrante. De nada le sirve a una mujer
amenazada de muerte que el Secretario de Estado del ramo, tan joven, tan listo,
tan guapo, salga en la televisión soltando un montón de palabras hueras sobre
la dignidad y otras cosas por el estilo. Eso, amigo mío, no evita que una
bestia asesine a su pobre ex mujer. Para que esa mujer no muera acuchillada a
las puertas de su casa, ante la mirada atónita y desconcertada de su hijo o de
su hija, o de ambos, cuando los lleva al colegio, o cuando viene del mercado de
hacer la compra, hace falta que se articulen leyes, que se pongan en marcha
programas educativos de igualdad reales, que se lleven a cabo políticas de
prevención que detengan de una vez por todas la barbarie. Y eso, elemental mi
querido Watson, cuesta pasta, mucha pasta.