"Feliz el que, alejado de
negocios, como en remoto tiempo los mortales, paternos campos con sus bueyes
ara y no rinde a la usura vasallaje… El último de la fila.
La tan
conocida y llevada, denostada y temida “globalización”, no ha hecho sino, más
que contribuir a la desaparición física de fábricas, tallares, comercios y
pequeñas industrias en este país en las últimas décadas, con el beneplácito en
la interpretación y aprobación de las reglas del juego de nuestros mandatarios
políticos y la más que absoluta complicidad de nuestros grandes banqueros.
Algunas, las que más borradas del mapa de la noche a la mañana y otras, las más
grandes y poderosas, fugadas a los países más pobres, buscando en ellos la
rentabilidad de los bajos salarios, las casi inexistentes cargas sociales, las
ayudas públicas y la lamentable condonación de la imposición fiscal.
Los grandes capitales, las
grandes inversiones, se desviaron delante o detrás de la movilidad geográfica
de estas grandes empresas anhelando la inversión especulativa y la reproducción
masiva de los beneficios empresariales,... mientras las nuevas tecnologías y la
aplicación de la producción masiva a través de la mecanización y la técnica
reducían el tiempo de trabajo de la producción material de las cosas, los trabajadores
de allí y de aquí se empobrecen y son sometidos a condiciones laborales que
rayan en la necesidad más absoluta y a la servidumbre casi medieval.
Como
consecuencia más directa y rápida el desempleo se multiplica y los salarios
humillantes se estimulan y se extienden por doquier,… el derecho al trabajo se
convierte en la obligación de trabajar por lo que quieran pagarte y en las
condiciones laborales que te quieran imponer.
Mientras
el trabajo de aquí se convierte en mercancía. Mercancía barata. La más barata
del mundo, ya que el mundo en global provee de la materia prima más necesaria,
el trabajador caen los salarios y aumentan los horarios, aquí y allí. En el
primer y en el tercer mundo. Y en todos los que hubiera más… El mercado rebosa
gente. Son cientos, miles de millones de seres humanos a disposición del
capital. Tómalo o déjalo. ¡Que pase el siguiente¡
Que cunda
el miedo es la mejor consigna. Aquí y allí, en los países avanzados, en los
industrializados y el los emergentes. En todos, a través del desempleo se
inyecta el miedo a escala “global”. El trabajo que antaño esclavizaba, ahora
sea en las condiciones que sea, si se consigue … te libera. Aunque sigas
teniendo miedo. Porque cada vez hay más desempleados en este mundo “global”, en
este mercado “global”.
Las
empresas del norte se trasladan al sur y los trabajadores del sur, emigran al
norte. Con ellos las empresas del norte en el sur consiguen pagar salarios míseros
a cambio de ganancias desorbitadas que engrosan sus cuentas de resultados y las
empresas del norte en el norte, también se benefician del efecto boomerang al
poder elegir entre el ejército de desempleados también a trabajadores del sur,
dispuesto a trabajar en condiciones similares a las de sus países de origen o
incluso peores.
Las
gentes y el dinero se cruzan en el camino. El dinero de los ricos viaja a los países
pobres para fabricar productos que de nuevo vienen a vender a los países ricos
y los pobres de los países pobres vienen a trabajar a los países ricos, para
llevar dinero a los países pobres.
Globalización...
ganadores y perdedores,... pobres y ricos. Cuantos más trabajadores… más bajan
los salarios. Cuanto más bajan los salarios más gana el capital.
Rafael Espino Navarro
