La frase que corona el
título es algo que habremos oído hasta la saciedad los estudiantes que, una vez
finalizada la parte "teórica" de nuestra titulación, realizamos
"prácticas", es decir, trabajamos gratis, para alguna empresa
relacionada con nuestro sector. Dedicaré este artículo a aquellas problemáticas
que nos encontramos día a día en nuestro centro de trabajo los estudiantes en
prácticas, ya que es algo que muchas veces escapa a los análisis a grandes
rasgos del sistema educativo y sus consecuencias.
En mi caso, como estudiante de cocina,
las prácticas se traducen en un concepto sencillo: mano de obra con baja
cualificación a la que se le encargan aquellas tareas mecánicas y sencillas que
no quieren o no tienen tiempo de realizar el resto de trabajadores. Desde
limpiar o transportar alimentos o útiles, hasta pelar y cortar cajas y cajas de
frutas y verduras. Estas tareas no están destinadas, como resulta obvio, a
aumentar el nivel de formación y preparación del estudiante en prácticas, sino
que revelan la verdadera intencionalidad de la empresa al valerse de nosotros:
no sólo ahorrarse el salario de un trabajador que debiera realizar esas tareas,
sino además recibir una subvención por tenernos trabajando gratis. Esto es un
arma de doble filo: por un lado hay un trabajador más en el paro, y por otro
hay un trabajador realizando esas tareas de forma gratuita.
Los estudiantes firmamos un contrato de
prácticas dónde en ningún momento se nos dice que debamos realizar tareas
productivas, o el límite de estas, sino dónde únicamente se ilustra que debemos
recibir un aprendizaje del oficio, pero en cambio luego resultamos ser parte
indispensable de la cocina ya que sin nosotros no habría patatas listas para
freír, fruta para los postres, alimentos almacenados en el congelador, carne
desmenuzada, utensilios limpios, etc. ya que 1 de cada 3 trabajadores es un
estudiante de prácticas. Esto es algo que se traslada a otros ámbitos del
hotel, como el servicio de recepción o de camareros.
Hay un flujo constante de estudiantes en
prácticas, incorporados incluso antes de acabar el propio temario teórico, ya
que la incorporación de los estudiantes al puesto de trabajo no se basa en un
criterio formativo, sino en base a la demanda de mano de obra de la empresa, ya
que como comentaba antes requiere de estos jóvenes trabajadores para cubrir
aquellos puestos para los cuales se niega a contratar a un trabajador con un
contrato y salario adecuados a su función.
Para los estudiantes este tipo de
prácticas sólo nos sirven para engrosar el currículum de cara a buscar un
trabajo dónde nos exigirán, siempre, una experiencia previa que sólo podremos
adquirir de este modo. Si por los empresarios fuera, y muchos ya lo hacen,
tendrían a cada joven trabajando a coste cero para ellos, hasta que el conjunto
de los trabajadores nos plantemos y digamos basta.
