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XXXII MARCHA A ROTA

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5 de septiembre de 2015

CADAVER DE NIÑO SIRIO EN UNA PLAYA

Las redes sociales han enloquecido compartiendo un video en el que se ve el cadáver de un pequeño niño sirio, boca abajo, vestido como para ir a la guardería, tirado contra la arena de una playa, bañado una y otra vez por las olas, ajenas a su drama.
Inerme, petrificado, muerto.  En los urgentes textos que acompañan al meme se leen lugares comunes como: “¿Es que se ha vuelto loco el mundo? ¡Que pare esto!”; o “Canallas, ¿cómo podéis matar a un niño?”; o “¡Malditos asesinos!”. Las culpas se pierden en un genérico “ellos” que no se sabe muy bien a quién designa, pero que inmediatamente nos separa a nosotros, los buenos, los sensibles, los dueños de esa playa en la que el niño (y millones más que parecen ser de segunda) mueren cada mes intentando llegar al sueño capitalista.
Las acusaciones se repiten con airado énfasis, pero nadie parece querer señalar exactamente al culpable y se contenta con el indefinido “ellos” (o incluso un hipócrita “todos somos culpables de esto”). Nadie parece muy dispuesto a ahondar en el tema o a investigar quién es el culpable de esa terrorífica estampa. No tienen tiempo, ni quieren, ensuciar su muro con textos demasiado largos o repetitivos.

El siguiente estado debe ser un gatito jugando con un niño discapacitado o un niñato tirándose en patinete contra un muro animado por sus descerebrados colegas. Hay que diversificar y quedarse siempre en la superficie para garantizarse seguidores y amigos. Conceptos simples que permitan comentar solo con leer el titular.
Nadie ha mencionado al premio Nobel de la Paz, Obama, como culpable de esa muerte. Y lo es, desde que llegó a la Casa Blanca ha aumentado las agresiones y partidas militares para intentar conseguir, como consiguió en Egipto, Líbano, Túnez, Ucrania, hacerse con el petróleo de Siria. Tampoco mencionarán a Israel, incluso volverán a acusar de antisemita a quien lo haga. Nadie ha recordado que ISIS y todo ese grupo de mercenarios genocidas son  una creación conjunta de EEUU e Israel. Fueron presentados en un primer momento como los “heroicos rebeldes” que luchaban contra el antidemocrático régimen de al-Assad. Y fueron muy aplaudidos.
Como lo fue Al-Qaeda cuando la CIA les entrenó y financió para combatir a la Unión Soviética. Como lo fueron los mercenarios, francotiradores y nazis pagados por EEUU y la UE para dar un golpe de estado en Ucrania que se hizo pasar por una liberación demócrata. Mucho menos mencionarán a Turquía y el repugnante ejercicio de apoyo a ISIS que Erdoğan está llevando a cabo mientras se centrar en exterminar a los kurdos y acuerda una zona “libre-de-ISIS” con los EEUU (con el general John Allen al frente) que se ha convertido en la zona de abastecimiento de ISIS.
Entre los indignados compartefotos, por supuesto, habrá convencidos votantes del PP, islamófobos, admiradores de EEUU, racistas y xenófobos que en estados anteriores habrán denunciado que “yo no soy racista, PERO…”, y la mayoría aceptará que los inmigrantes son los culpables de esta crisis, a muchos les parecerá genial que la asistencia sanitaria no sea universal y aplaudirán a demagogos como Cifuentes que primero dice que va a abrir la asistencia a los sinpapeles para luego, casi a escondidas, aclarar que en realidad no; en realidad se tendrán que pagar el 100% de su medicación (¿esa asistencia qué es, un tour por los hospitales para que vean a lo que no tienen acceso?). Y, por supuesto, no verán relación alguna entre las políticas de Rajoy-Merkel y estas muertes. Lo importante es que podamos volver al estado de bienestar y a nuestras hipotecas pagables lo antes posible. A los pobres del mundo que les den.
Como mucho mandamos a unos misioneros que hagan negocio con sus muertes fingiendo ayudarles (y que sus empresas religiosas, como la ahora premiada Orden de San Juan de Dios, reciba jugosas subvenciones y externalizaciones a cambio, hasta poder hacer un negocio billonario en sus SICAVS).
Nadie parece ver contradicciones entre no hacer nada contra las concertinas en Ceuta y Melilla o la culpabilización y persecución de subsaharianos (ese asesinato de Mor en Cataluña que la policía, al modo de Enrique Ruano, quiere hacer pasar por suicidio) y denunciar acaloradamente este cadáver sirio. El aumento de gasto militar del PP mientras proclama que no hay dinero para pagarle a los trabajadores externalizados de esa industria militar no tiene nada que ver (os recomiendo leer el magnífico y documentado artículo del compañero Pere Ortega titulado La gran estafa del presupuesto de Defensa 2015).
Y estas son las consecuencias de la desideologización por la que Ciudadanos o Podemos abogan como magnífica estrategia social (“somos la herramienta del cambio” proclaman cínicamente mientras se acomodan en despachos rancios e instituciones que se los comen vivos y les escupe transformados en eficientes funcionarios capitalistas). Sin apostar por una ideología clara, sin arriesgarse a enfrentarse al verdugo en lugar de recibir sus migajas a la espera de volver a disfrutar de su magnanimidad, sin mojarse, dejamos que millones de cadáveres sean los que se mojen en nuestras playas. Y eso nos puede joder el veraneo. Al respecto, me permito recordar esa otra foto deJavier Bauluz sacada en Tarifa en 2000, en la que se ve a unos veraneantes plácidamente sentados bajo su sombrilla en la playa, con su nevera y sus cucas toallas, mientras unos metros más allá un cadáver de un inmigrante subsahariano ahogado con su patera yace en la arena, ignorado. Esa es la verdadera foto de Europa, de EEUU, de las grandes potencias que ondean la bandera de la libertad y la democracia frente a los monstruos islamistas (que lo son) que ellos mismos han creado. La religión pudriéndolo todo.
Y, sobre todo, nadie hablará del capitalismo. De este corrupto capitalismo que está acabando con el planeta o transformándolo en un estercolero infernal. Porque todos quieren seguir disfrutando de la suerte de haber nacido unos kilómetros más allá de la frontera entre la vida y la muerte. Sólo cuando nos toca directamente y es inevitable salimos a protestar y pedimos solidaridad. La misma que nosotros no hemos tenido, que no tenemos, con esos extraños que se empeñan en ensuciar nuestras playas y nuestros (cada vez más precarios) veraneos.
Y encima conseguimos un récord de “me gusta” en nuestro muro. Hora de hacerse un selfie y ponerlo de avatar para hacer rabiar a nuestro vecino feisbuquero o tuitero. Las redes sociales son el verdadero activismo. ¿Para qué ir a Sol a protestar por el asesinato de Mor? (Éramos cuatro y medio). Es mucho más cómodo escandalizarse por las previsibles consecuencias de nuestra apatía, nuestra cobardía, nuestra colaboración en esa “mayoría silenciosa” que tan útil le es al presidente plasmático. Tampoco le importa la “mayoría socialenredada”. Lampedusa no cabe en una sola foto, así que se quedan fuera del estado de indignación feisbuquera o tuitera o instagramera o lo que toque.