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XXXII MARCHA A ROTA

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5 de junio de 2015

MUJERES, PARTICIPACIÓN SINDICAL Y LUCHAS OBRERAS: ¿EN TIERRA HOSTIL?

La historia es la de las clases dominantes,  por tanto la historia de la clase obrera  ocupa un lugar secundario y muy subsidiario en la sociedad capitalista. En la historiografía sobre el trabajo y el movimiento obrero  las mujeres resultan invisibles y la historia de las mujeres permanece ajena  a la militancia laboral.

En realidad, las mujeres en el movimiento obrero han desarrollado un papel  importante para el avance del conjunto de la clase obrera.  Engels  habla que las obreras daban a luz en el puesto por temor a perder su trabajo y el salario. A mitad del siglo XIX su incorporación al trabajo asalariado era masiva, con largas jornadas y ausencia de protección  y las luchas de las obreras en la Inglaterra industrial,  arrancando mejoras, dieron lugar a la  reducción de  la mortalidad por tuberculosis.  Mucho antes de la aparición de las sulfamidas.

La participación de las mujeres en las luchas obreras y en lograr  mejoras permanece oculta. De las hilanderas de Lyon, hasta  el trabajo y la militancia laboral de las mujeres en el franquismo, su trabajo en la economía sumergida que permitió ingente acumulación de capital sobre la que se inició el desarrollismo de los años 60, o  el papel de las mujeres en las huelgas como  las aceiteras en 1946 o las obreras textiles en la Barcelona de los años 60.

En las organizaciones del proletariado, tras vencer la resistencia a ser aceptadas,  se  incorporan reivindicaciones específicamente de la mujer e incluso en algunas se crearon secciones femeninas y por distintos medios y fines se abordaba  la opresión de la mujer  ¡cualquier día hace dos siglos!  La sindicación de  trabajadoras  en España se data hacia 1880,  principalmente en el campo andaluz y en la industria textil catalana.  Pese a las campañas especificas de las propias organizaciones, la tendencia bajista se consolida. La participación de las mujeres en  sindicatos y organizaciones  está condicionada por la propia situación socio-laboral, obligadas a compaginar empleo y responsabilidades familiares, el funcionamiento interno tampoco ayuda,  casi convierte esa participación en algo de heroínas. No se trata de  que las mujeres dudemos de nuestra capacidad, podría ser, pues muchos condicionantes nos relegan, la cuestión es  que sabemos de antemano que nos va a suponer un enorme desgaste e incluso que constatemos la incompatibilidad para compaginar tantas jornadas superpuestas. La división sexual del trabajo no permite la inclusión en las organizaciones en condiciones de igualdad, si nuestro  trabajo no es sólo y  estrictamente laboral, sino también y fundamentalmente de reproducción y cuidados,  semilla de  múltiples discriminaciones,  cuando la crisis estructural da  lugar a  políticas que desmantelan los limitados sistemas de protección social, se  incrementa  el peso de los cuidados en los hogares individuales y se imposibilita y dificulta objetivamente nuestra participación.
Paro, miseria y explotación es el destino del capitalismo para el pueblo obrero desde sus orígenes, si avanzaron derechos no fue por la dádiva generosa del patrón, sino por la lucha organizada del movimiento obrero, en el que las mujeres han sido parte importante. Históricamente las mujeres obreras se  identificaron  mucho más con su clase, tuvieron más conciencia de vivir una situación de clase explotada, también rompieron las dificultades para participar. Hoy también, en el conflicto que vive el movimiento obrero con el capitalismo,  nos  lleva a entender  que es  necesario el cambio de sociedad, no sólo una parcelita de la sociedad y que deberemos seguir rompiendo corsés para acabar con la doble esclavitud.
Lola Jiménez

Cuadro:
LOLS  1977, etapa de afiliación masiva de hombres y mujeres a las centrales sindicales.
1986  tasa de afiliación femenina en los sindicatos mayoritarios   del  27,8%,  tasa masculina del 72,2%.  
Año 1988 ( C.I.S.)  afiliación sindical femenina en el 11,1% sobre el total de las mujeres encuestadas,  estimandose la  tasa de afiliación general en  el 16,5%.
1991 (C.I.S.) tasa de afiliación femenina   del 9,8%
1990  elecciones sindicales   frente a un 79,7%  de varones elegidos como representantes sindicales  encontramos un  19,3% de mujeres.
En los años siguientes hasta la actualidad, coinciden las fuentes en que existe  un lento descenso, aunque varian las cifras y algunas corresponden a datos internos entre la propia afiliación.