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1 de octubre de 2015

EL DEPENDIENTE JOVEN O LA EXTRAÑA SOSPECHA DE ESTAR SIENDO EXPLOTADO

Según las últimas estadísticas del Ministerio de Empleo y Seguridad Social el paro bajó en 74.028 personas durante el pasado mes de julio (descenso del 1’8%), coincidiendo así con el periodo estival en el que se registran menores índices de desempleo que durante el resto del año.

A pesar de este descenso, sigue habiendo más de 4 millones de parados, dato que se puede desgajar en unos 335.000 jóvenes que todavía hoy no han encontrado trabajo. Y es que en la juventud el drama es aún mayor: temporalidad de los contratos, extensas jornadas laborales, horas extra no remuneradas… todos estos factores llevan a la juventud a la extraña sospecha de estar siendo explotados.

Los datos publicados por el INJUVE revelan que la mayor parte de jóvenes que encuentra empleo en los meses de verano lo hace bajo el paraguas de la hostelería o el comercio. Y más allá de cifras o estadísticas, todos conocemos amigos o amigas que trabajan como camarero, dependienta, cajero… En este artículo expondremos el caso de los dependientes.


Las rebajas son una de las principales causas de que las empresas contraten a más jóvenes en verano: se necesitan más dependientes para cubrir las demandas de los compradores. Esto implica que una gran parte de las ofertas de trabajo en este sector sean bajo contratos temporales o de media jornada. A simple vista trabajar media jornada puede parecer positivo porque deja más horas al ocio y al descanso, sin embargo la experiencia de los dependientes es bien distinta. Tener un contrato de media jornada implica echar algunas horas extra que por supuesto no serán pagadas. Otra de las características de este empleo es el de la flexibilidad horaria: en todas las tiendas de Inditex (Zara, Stradivarius…) las jornadas no están preestablecidas con un mes o al menos un par de semanas de antelación, sino que tu jefe puede llamarte para que mañana eches seis horas y al día siguiente eches otras ocho. Esto supone reajustar tus planes día a día para adaptarte al horario que te marquen. Por último hablemos sobre lo que hace un dependiente, pues no están definidas sus tareas concretas: un día puedes llegar y tener que colocar ropa, otro día almacenar cajas en el almacén y si tienes suerte podrás cobrar en caja, este vaivén de tareas dificulta la adaptación al trabajo y más cuando las pautas formativas en ellas son nulas.

¿Y acerca de las vacaciones? El dependiente tampoco percibe unas vacaciones a no ser que tenga un contrato indefinido y lleve ya algún tiempo trabajando para la empresa. En el caso de los contratos por horas, de los contratos de prácticas o los eventuales (que te van renovando mes a mes o de quincena en quincena) las vacaciones se convierten en una ilusión que se queda en unos días libres que cambias a este o aquel compañero/a. El escaso salario que el dependiente cobra, ligado a todo lo explicado ya, hacen de este trabajo uno de los peores empleos de verano para la juventud.

En conclusión, el trabajo de dependiente es un engaño de los pies a la cabeza, desde el contrato y el salario hasta las diversas situaciones que te puedes encontrar una vez tomes el trabajo. La precariedad del empleo joven en general, y durante el verano en particular, es consecuencia directa de la destrucción del tejido productivo, de los ataques contra la juventud y contra los derechos laborales del trabajador, y por otro lado es la causa de que cada vez más jóvenes que ocupan estos puestos sientan eso que hemos llamado la “extraña sospecha de estar siendo explotado” porque, en efecto, la sospecha se confirma a la luz de la realidad.