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28 de febrero de 2015

MÁS ALLÁ DE LA CARRERA: ESTUDIAR UN MÁSTER

Los másteres cada vez son más importantes para poder trabajar. En muchas ocasiones no basta con el grado, la diplomatura o la licenciatura, es necesario un máster aparte. Estos másteres ocupan a los estudiantes más años y les obligan a pagar tasas abusivas difíciles de asumir.
En este artículo desmenuzamos los másteres para entender bien en qué consisten.
Aunque, a pie de calle, la distinción entre estudios suele tener como referente el haberse graduado en una carrera universitaria en el mundo laboral lo cierto es que, poco a poco, el elemento decisorio es el máster.
Los másteres se engloban dentro de los denominados 'estudios de posgrado', no siendo los únicos pero sí los más relevantes. El máster es un 'curso' de duración sensiblemente menor a la de una carrera al que sólo se accede si se han completado los estudios previos de grado, licenciatura o diplomatura y cuya lógica reside en adquirir conocimientos más especializados sobre un campo concreto.

Los másteres, a su vez, pueden distinguirse entre másteres oficiales y másteres no oficiales o propios. Los primeros son los necesarios para acceder a la carrera académica (es decir, trabajar en la universidad) y también para ejercer algunas profesiones (por ejemplo, para ser abogado) La duración y contenidos de los másteres oficiales están regulados por el Ministerio de Educación siguiendo las directrices de la Unión Europea. Los másteres propios, en cambio, son unas enseñanzas propias de cada centro que no están homologados a nivel estatal y que, por lo tanto, su contenido, duración... depende de cada centro. La diferencia radica en que el máster no oficial no abre las puertas a nada, simplemente es un añadido al CV (como hacer un curso de enseñanzas no oficial)
Además, los másteres oficiales, por su importancia, se dividen en tres tipos. Pueden ser o bien profesionales, o bien de investigación o bien académicos. Los primeros son los que capacitan para ejercer alguna profesión; los segundos, los que permiten el acceso a la carrera académica y los últimos suponen una fórmula mixta de los dos anteriores, que permiten acceder a ambas cuestiones.
Así, en un principio, estudiar un máster puede parecer una opción si el alumno quiere trabajar en un futuro como investigador en una universidad o si desea ejercer alguna profesión que lo exija. Los másteres propios se antojan como un plus al CV, igual que saber un idioma o haber realizado cualquier otro curso.
Pero la realidad es muy distinta. El modelo promulgado por la UE que se inició con el Plan Bolonia y que continuará este año con la Estrategia Universidad 2015 y el modelo 3+2 pone el acento en los estudios de postgrado. Al igual que en el modelo estadounidense la idea es sencilla: vaciar de contenidos el grado, que pasa a tener contenidos generales, y traspasar ese peso al postgrado, donde el alumno adquiere las habilidades para el futuro laboral. Como se ha mencionado, el modelo estadounidense es el máximo exponente de esta lógica: allá, al acabar el instituto, el alumno elige si cursa el Bachelor of Arts o el Bachelor of Science; y posteriormente hace sus estudios de postgrado para 'especializarse'; postgrados que equivalen en contenidos y oportunidades laborales a los estudios de licenciatura o diplomatura españoles. Así, mientras un licenciado en Derecho en España puede ejercer la abogacía un estadounidense necesita su Bachelor y también haberse graduado en la School of Law. Un graduado de Derecho español anda, actualmente, a caballo entre ambas figuras.
El motivo de este trasvase es doble y sencillo: por un lado imponer una barrera económica a los alumnos. Y es que el precio del crédito del máster es mucho más elevado que el de un grado. Así, en la Comunidad de Madrid (por poner un ejemplo pues el precio del crédito varía de una Comunidad a otra) el precio del crédito varía entre 27 y 33 euros (depende del grado de experimentabilidad de la carrera) en primera matricula y el del máster oficial entre 43 y 65 euros (el máster propio puede cobrarse al precio que desee cada centro). Además existe una barrera académica, y es que se ofertan muchas menos plazas de máster que de grado; impidiendo que muchos titulados accedan a los estudios que necesitan para ejercer el trabajo para el que se han estado preparando 4 años.
El segundo criterio consiste en preparar lo máximo posible al alumno para que sea lo más rentable para las empresas al salir al mercado laboral. Un grado mayor de especialidad y un mayor número de prácticas (el alumno con máster ha hecho, al menos, dos períodos de prácticas obligatorias) presuponen un alumno que necesitará menor tiempo de aclimatación a su puesto de trabajo.

La realidad es que este doble sistema afecta especialmente a las familias trabajadoras pues, como se ha visto, los precios de los másteres se disparan. Además, al existir una oferta menor de plaza obligan a muchos alumnos a acudir a universidades privadas. En los másteres también se abre la veda a la cooperación público-privada, así muchos másteres son patrocinados por empresas (por ejemplo el Máster de Moda de Vogue de la Universidad Carlos III de Madrid) pudiéndose establecer precios de máster privado (osea, al libre albedrío del centro) aunque de facto se realicen en centros públicos (de nuevo, el Máster de Abogacía de la UC3M, cuyo montante asciende a algo más de 7.000 euros). Por otro lado, aunque el alumno obtenga beca, el tener que realizar tal número de estudios supone que no empezará a trabajar hasta los 24 ó 25 años como poco, otro hándicap para las familias obreras que no pueden permitirse mantener a los hijos ad eternum, especialmente si han de cursar sus estudios fuera del domicilio familiar.