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31 de octubre de 2013

PHIL OCHS: EL CANTAUTOR “POTENCIALMENTE PELIGROSO”

El día nueve de abril del año 1976, en la ciudad de Nueva York, la primavera no tenía prisa por llegar. Era como si el buen tiempo estuviese agazapado, esperando el momento preciso para hacer su aparición.

 Aquel día había amanecido plomizo, y cuentan las crónicas que hacía más frío de lo que es habitual para esa época del año en esa parte del mundo. Ese día, Phil Ochs, periodista, pacifista, cantautor, activista político, militante de la izquierda norteamericana, del que el FBI había dejado escrito en un extenso expediente de casi quinientas páginas, que era un tipo “potencialmente peligroso, vinculado a los ambientes de la contracultura”, decidió poner fin a su vida.

 Y lo hizo ahorcándose con su cinturón de cuero negro, en el cuarto de baño de la casa de su hermana mayor, en Far Rockaway, donde llevaba un tiempo residiendo. Tenía 35 años y dejaba tras de sí una carrera de ocho discos, un buen puñado de canciones, numerosos conciertos y toda una vida dedicada al activismo político militante. Su influjo, aunque no tan marcado como el de otros artistas contemporáneos suyos, como Bob Dylan o Pete Seeger, aún hoy, casi cuarenta años después de su muerte, sigue calando en numerosos músicos de todo el mundo.  
Phil Ochs había nacido en El Paso, en el estado de Texas, el 19 de diciembre de 1940, hijo de padre estadounidense y madre escocesa. Por el trabajo de su padre, que era médico, pasó su niñez viajando por numerosas ciudades de los Estados Unidos, sin establecerse definitivamente en ningún sitio. Desde muy pequeño demostró una habilidad extraordinaria con los instrumentos musicales, sobre todo con el clarinete. Pero al joven Phil, lo que realmente le interesaba era el periodismo y la literatura. Así que muy pronto empezó a escribir sus crónicas y sus artículos, con la intención de publicarlos en cualquier medio escrito contracultural o alternativo que mostrara un mínimo interés por sus palabras. Eran tiempos convulsos los que vivía el mundo en aquellos momentos: la guerra fría, huelgas estudiantiles, racismo en muchos lugares de su país, revoluciones, etc. Y el joven Phil no podía ni quería ser impermeable a los acontecimientos que sucedían a su alrededor.
Desde muy joven empieza a demostrar en sus escritos que tiene su corazoncito y que lo tiene a la izquierda. Más o menos por esta época, aprende a tocar la guitarra y cae bajo el influjo de las canciones de Woody Guthrie, Hank Williams, Buddy Holly, Pete Seeger, Jonny Cash, etc. En una entrevista de estos días declara que la única salvación para América es que “Elvis se convierta en el Che Guevara.” Por desgracia, esto nunca ocurrió.  
Los años sesenta van avanzando y los Estados Unidos muestran al mundo su peor cara: la Guerra de Vietnam, la muerte de Kennedy, la del Doctor Martin Luther King, la brutal represión policial en las manifestaciones, etc. Ochs, siguiendo las consignas del poeta beatnick Allen Ginsberg, inicia una cruzada personal contra la Guerra de Vietnam, tocando, siempre que se presenta la ocasión, en contra de una guerra colonial, vergonzosa y asquerosa.  Y compone algunas de sus mejores canciones oponiéndose a la invasión norteamericana del país asiático, y a cualquier otra forma de guerra, porque Phil, es ante todo, un pacifista militante.

En parte por la guerra, y en parte porque se siente menospreciado por el gran público, debido a que las ventas de sus álbumes no son muy elevadas, cae periódicamente en depresiones que van y vienen. A esto hay que sumar su “desorden bipolar”, una enfermedad que también padecía su padre, y su consumo desaforado de alcohol y anfetaminas. Pero sigue tocando, y componiendo y viajando, poniendo sus canciones, su voz y su guitarra al servicio de numerosas causas. Viaja al Chile de Allende y conoce a Víctor Jara, con el que entabla una amistad que durará hasta el asesinato del cantor chileno a manos de los fascistas de su país.
Entre 1964 y 1975, Phil Ochs grabó seis discos de estudio: All the News That's Fit to Sing (1964),  I Ain't Marching Anymore(1965),  Pleasures of the Harbor, (1967), Tape from California, (1968), Rehearsals for Retirement (1969), Greatest Hits (1970) y otros dos en vivo: Phil Ochs in Concert (1966) y Gunfight at Carnegie Hall (1974). En su obra podemos encontrar un buen ramillete de hermosas canciones que han resistido magníficamente el paso del tiempo: “Pleaures of the harbor”, “That´s what I want to hear”, “I´m gonna say it now”, “Changes” (que recientemente ha sido versionada por Neil Young en un concierto), “Days of decision”, “United fruit”, “Cricifixion”, “Small circle of friends”, “What are you fighting for”,  “Ringing of revolution”, “Love me, I´m a liberal”, “The power and the glory”, “Spanish Civil War”, etc., etc., en las que destacaba un gusto innato por la ironía, pero también una capacidad poética que hace que sus canciones no desmerezcan en nada a las de otros grandes artistas del folk norteamericano.
Es cierto que Phil Ochs, como el resto de cantautores de los años sesenta, creció a la sombra de Bob Dylan (que es, como la de los cipreses, muy, muy, alargada). Pero no es menos cierto que su voz, sus canciones, sus discos, su actitud sobre el escenario y en la vida, tenían un halo propio, que lo convertían en un artista muy personal. Si no conoces aún la obra de este inmenso cantautor, te aconsejo que busques sus canciones (ahora que resulta tan sencillo) y les dediques el tiempo y la atención que merecen. Y entonces entenderás por qué, cuarenta años después de su muerte, gente como Neil Young, Billy Bragg, Wilco, Anni diFranco, Sean Penn, Breece Pancake, The Go-betweens, y un larguísimo etcétera, veneran su legado.
Rafael Calero Palma