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19 de julio de 2013

AGUILAR DE LA FRONTERA. EL HORROR NO SOLVENTADO. 18 DE JULIO DE 1936

El día 13 de julio de 1936, una noticia de primera página recorrerá toda España, siendo el tema de todas las conversaciones. Todos los periódicos publicaran la noticia del asesinato de Calvo Sotelo, condenando el crimen y produciendo gran indignación en todas las clases sociales de este país.
 La muerte de Calvo Sotelo alentaría al General Mola a allanar las dificultades que este mantenía con los carlistas. Esta muerte efectivamente eliminará las ultimas reservas que algunos de los dirigentes políticos de la extrema derecha mantenían aún para sellar los acuerdos previos a un levantamiento militar organizado. Este ya se estaba gestando previamente y este hecho no hizo sino acrecentar los ánimos de rebelión.

 Al día siguiente del asesinato se reunirá la comisión Permanente de las Cortes. Desde ese mismo momento los acontecimientos se sucederán a velocidad de vértigo, arrastrando a los mismos a muchos indecisos.
 El día 16 Franco se traslada por mar a Las Palmas para presidir el entierro del general Amado Balmes Alonso, integrado en la conspiración, fallecido en un accidente, al disparársele una pistola que estaba inspeccionando.
 Concluidas las honras fúnebres, se traslada en el “Dragon Rapide”,con breve escala en Casablanca, a Marruecos donde llega el día 18 para ponerse al frente del Ejército allí sublevado.
 Solo un día antes, el día 17, se sublevan las guarniciones de África y el 18, el que fuera un destacado general republicano, Gonzalo Queipo de Llano, lo hace en Sevilla.
 El propio Gil Robles, solo algunos días antes de su muerte, casi como en señal de vaticinio de lo que estaba a punto de suceder, en uno de sus discursos, manifestó:
Una masa considerable de opinión, que es, por lo menos, la mitad de la nación, no se resigna implacablemente a morir, os lo aseguro, si no puede defenderse por un camino se defenderá por otro. Frente a la violencia que aquí se propugna, surgirá la violencia por otro lado y el poder público tendrá el triste papel de mero espectador de una contienda ciudadana en la que se va a arruinar, material y espiritualmente, la nación.”
 Tras su muerte, cientos, miles de militantes de su partido pasarían a engrosar las filas de Falange. La guardia civil se alineará al lado del poder tradicional, traicionando la legalidad vigente. La Iglesia volverá a ser fiel a su compromiso político al lado de la derecha y los sublevados. El viejo ejercito español denotará ya claramente su anti-republicanismo visceral. La violencia una vez más estaba servida.
 Los próximos acontecimientos cambiarían para siempre el rumbo de una España dividida, de una
España que estallaría en mil pedazos, destrozando en el estruendo cientos de miles de vidas inocentes y las aspiraciones populares de cambio que la llegada de la II República a este país representó.
 Estas aspiraciones se verían frustradas una vez mas por los egoísmos y la irracionalidad de una vieja España, ya caduca, que con todas sus fuerzas se resistía a desaparecer y cuyo coletazo final acabó con las esperanzas, ilusiones y vidas de muchos de sus hijos.
 Los bandos del 17 y 18 de julio, declaraban el estado de guerra, asumiendo todos los poderes la autoridad militar; declarando en rebelión militar a cualquiera que hubiera defendido, activa o pasivamente el orden constitucional vigente en la II República.
Las matanzas indiscriminadas de las primeras semanas, acabarían en Aguilar con la vida de mas de 150 personas, si a estas unimos las personas naturales de Aguilar de la Frontera, que en los próximos días y meses serían asesinadas en Puente Genil, en Córdoba, en La Carlota, en San Sebastian de los Ballesteros, y en Málaga,. los muertos por hacinamiento y hambre en las carceles, prisiones y campos de prisioneros del nuevo régimen. los muertos y desaparecidos en el frente de batalla o en los campos de concentración nazis, el numero asciende a 209 personas.
 La cruel y violenta represión no se detuvo en las personas, alcanzó también a todas sus organizaciones, partidos y agrupaciones políticas que hubieran formado parte del Frente Popular.
En Aguilar, la represión alcanzó a dirigentes políticos de organizaciones de izquierda, maestros, jornaleros, obreros y personas anónimas cuyo único delito consistió en mantenerse leales al Gobierno constitucional vigente.
 Fueron objeto de depuración, una depuración iniciada por la sanguinaria maquinaria franquista, perfectamente organizada desde el inicio del golpe de estado y cuyo único y principal objetivo consistió en exterminar y arrancar de raíz todo vestigio de germen republicano que pudiera poner en peligro el naciente régimen de terror que en el país se imponia por la fuerza.
 Los sometidos a depuración hubieron de abandonar a sus seres queridos al ver peligrar sus vidas, padecieron largos años de encierro en míseras prisiones, sufrieron torturas indiscriminadas, persecución, indignas humillaciones, destierro, desapariciones forzadas y ejecuciones por fusilamientos.
 Eran jóvenes jornaleros, albañiles, barberos, ferroviarios, abogados, choferes, impresores, electricistas, tipografos, mecánicos, carpinteros, estudiantes, actores, carteros, industriales, taberneros, aperadores, y amas de casa. Todos ellos fueron asesinados por que representaban un peligro inminente, para el nuevo estado. Para las nuevas autoridades. Todos serían urgentemente buscados, sometidos, detenidos y asesinados.
 Durante las tres primeras semanas fueron asesinadas en esta localidad mas de 60 personas, entre ellos el alcalde José María León Jiménez, Antonio Manuel Palma Moreno, militante del Sindicato de Muleros “La Constancia, adcrito a la UGT, Andrés Alberca Conde concejal republicano y su hijo, Rafael Ortiz Cruz, socialista y cabo de los municipales, Francisco Lucena Jiménez, joven comunista presidente de la Agrupación Juvenil del PCE, junto a dos de sus hermanos Rafael y Antonio, José Valdivia Atienza, socialista y vigilante de arbitrios igual que Manuel Arjona Lucena. Antonio García Marquez, socialista y teniente de alcalde, además de presidente del sindicato “La Razón”. Antonio Luís González Toro, socialista y guarda rural, junto a su hermano Francisco. Antonio José Luque Cuenca, socialista y funcionario del Ayuntamiento, Rafael Ortiz Jiménez, socialista y guarda municipal, Manuel Palma Varo, barbero y dirigente de uno de los partidos del Frente Popular, o Francisco Prieto Jiménez, jornalero comunista.
 Con total y absoluta impunidad, los bandos de Queipo de Llano alentaban a matar como a perros a los enemigos del régimen, a los opositores del Glorioso Movimiento nacional. Y así lo hicieron. Cuando no los encontraron a ellos, asesinaron a sus familiares, a sus hijos, a sus mujeres padres o hermanos.
 Se les mató en las cunetas, y escampados, en las tapias del cementerio. Se ejecutó planificadamente con un único objetivo histórico, perpetuarse en el poder personal y oligárquico motivado por la explotación del hombre, para aniquilar y triunfar sobre la lucha de clases del proletariado y campesinado, utilizando la represión, la sumisión, el amiguismo y la violencia de las armas.
 En las semanas posteriores completaria otra escalofriante cifra que alcanzaría a más de 90 personas. Hombres y mujeres, sin ninguna contemplación, ni por el sexo, ni por la edad.
 Gentes sencillas y humildes, vecinos de la calle la Eras, la Villa, la calle Belen, la calle Calvario, la calle Candelaria, Concepción, Membrilla, San Cristobal, los Pozos, el Tejar, la Rosa, la Mata, o Santa Brigida, entre otras.
 Comunistas y socialistas, casi todos ellos y ellas. Aunque también existieron excepciones sin filiación política alguna.
 Durante muchos días grupos armados patrullaron el pueblo sacando a las personas de sus casas, deteniéndoles en los bares y en los campos, con cualquier pretexto. Alrededor de la guardía civil y de las nuevas autoridades, se creo toda una red de chivatos, confidentes, delatores y espias que solo aspiraban a medrar y conseguir favores económicos y personales.
 Detenian a las personas que las listas elaboradas en algún bar local señalaban para después Obligarlos a subir a camiones que fueron llevados a lugares alejados del pueblo y despojándoles de los objetos de valor y de la documentación, eran asesinados y abandonados los cadáveres o arrojados en cunetas y fosas comunes.
 Algunos después de ser asesinados, fueron apilados, rociados con gasolina y quemados. Reducidos sus cuerpos quemados a golpes para poder ser introducidos en sacos y arrojados a fosas
que posteriormente se pusieron a la venta, para que nadie, jamás pudiera nunca encontrarlos, ni identificarlos.
 Las atrocidades cometidas durante los primeros días de la guerra se ocultaron, se manipularon y se silenciaron maquiavélicamente por parte del nuevo régimen surgido, como parte de una estrategia de posesión de la verdad. Repetidamente se engaño a las familias y jamás supimos donde buscarlos ni llorarlos.
 Sin embargo las atrocidades de los “rojos”, serían difundidas públicamente a través de su - Causa General, creada por Decreto de 26 dé abril de 1940- ( ni una sola recogerán de esta población).
Aplicar la política del olvido y el miedo institucionalizado garantizó durante toda la permanencia de la dictadura su efectividad y continuidad.
 Las familias de las personas desaparecidas y asesinadas, hubieron de seguir durante muchos años sufriendo “en silencio” el temor de no poder hablar, … pues solo tenían derecho a callar y sufrir, a agradecer día a día que aun seguían vivos, a temer por sus seres queridos, a ser parientes de los “marxistas” o “rojos”.
 Marxistas y rojos, así se les tildó, … así se les llamó . Así se les marcó de por vida. Así de terrible e injusta fue la vida para centenares de familias de este pueblo , condenadas a vivir en una atmósfera de temor y miedo constante y permanentemente, durante mucho, muchísimo tiempo.

Autor. Rafael Espino Navarro.