“...
nos lo robaron todo, las palabras, los nombres, los cuerpos, el dolor, el luto,
el deseo de vivir, la crítica, la historia, pero no consiguieron robarnos la
memoria .”
Villafranca
de Córdoba, ha sido hoy el nuevo escenario donde AREMEHISA (Asociación para la
Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera) (Córdoba), ha
logrado reunir el ayer y el presente, la memoria y la historia.
En
el cementerio municipal de esta bella localidad cordobesa, han podido por fin
ser inhumados los cuerpos de José María Tubino Montesinos, (San Roque, Cádiz
1872-1936) represaliado de la guerra civil española en la localidad de Aguilar
de al Frontera, asesinado por la sin razón y la barbarie el día 16 de agosto de
1936 y encontrado, exhumado e identificado a través de las pruebas genéticas de
ADN, por AREMEHISA, a lo largo de los dos últimos años y el de su hija Carmen
Tubino Tubino (Sevilla, 1900-1968), junto a su viuda Luisa Casasolariega de
Tienda.
José
María Tubino Montesinos, fue asesinado, como tantas otras personas inocentes,
por las hordas de asesinos, que desinhibidos , exaltados y excitados por el
poder que sobre la vida y la muerte, les confirieron los famosos bandos de
guerra publicados en los primeros días del alzamiento militar, convirtiendo las
noches y el alba de los días de aquel caluroso verano de 1936, en un aquelarre
de sangre. Asesinos, gente que mataba por el padre de matar, entregada con
servil entusiasmo a la abyecta tarea de hacer desaparecer a sus vecinos y
paisanos, por el solo hecho de no poder soportar que la localidad fuera
gobernada por partidos y personas con proyectos y sueños de progreso, de
justicia e igualación social, de convivencia y de un mejor reparto de lo mucho
o lo poco que era necesario para no morir de hambre y también como no
portadores de sueños de revolución.
José
María Tubino Montesinos, sin militancia política ni sindical alguna conocida,
fue detenido en la fábrica de “Las Puentes”, de la cual era apoderado algunos
días antes de su asesinato. Sería encarcelado en la cárcel local y sacado de la
misma en una cuerda de presos al alba del día 16 de agosto de 1936. Todos ellos
serían reunidos en la curva de la antigua bascula, junto al río en dirección a
Montilla a otro grupo de presos procedentes de las localidades vecinas de
Montemayor y Fernán Núñez para ser asesinados en ese mismo día.
Todos
ellos, diez y siete personas de la saca de ese día, entre los que se
encontraban dos mujeres (una de ellas embarazada de cinco meses) trasladados en
un camión, requisado en la misma fábrica algunos días antes al cementerio
municipal de Aguilar de la Frontera.
Arrojados,
todos ellos caerían a la gran fosa común de la imnominia española, abierta por
la guerra y ampliada por la victoria. Una gran fosa común mandada excavar por
una gran parte de la sociedad, para albergar, sin nombre, sin vida, los restos
de las personas asesinadas, convirtiendo a este país en general y a esta
localidad en particular en un campo sembrado de sepulturas secretas, sin
permitir durante más de tres cuartos de siglo recobrar su nombre, recobrar su
dignidad.
Para
la familia de José María, su viuda, sus hijos/as, sus nietos/as, el tiempo
detuvo su reloj vital, un día 16 de agosto de 1976. Las circunstancias de su
desaparición física, significó, al igual que para otras muchas familias,no
volver a verlo jamás, por lo que en su interior comenzaron a regañadientes a
entender que ya nunca más se produciría un reencuentro.
Pero
nunca, nunca pudieron entender ni aceptar el imposible atemperamiento de la
memoria, la imposición social y política del olvido, por que el derecho a la
memoria, al contrarío de lo que la justicia española nos dice de estos delitos
... jamás ... jamás prescribe.
Y
a eso es a lo que hemos tenido el inmenso placer de poder asistir hoy. Al
reencuentro de la memoria. A la negación del olvido.
En
la nave laboratorio, ubicada en el interior del cementerio local de Aguilar de
la Frontera, y ante numerosos representantes de la actual corporación
municipal, encabezada por su alcalde Francisco Paniagua Molina, y concejales de
los grupos políticos de UPOA, Izquierda Unida y Partido Andalucista, que han
asistido al acto para rendir un último y sencillo homenaje a su persona y conocer y trasladar el
respecto y la consideración a la familia.
Posteriormente, los restos
mortales de José María Tubino Montesinos y los de su hija Carmen Tubino Tubino
, han sido trasladados por la familia y miembros de AREMEHISA al Cementerio
Municipal de Villafranca de Córdoba, donde han sido inhumados a las doce y
medía de la mañana junto a los de su viuda y madre política.
El
camino ha sido largo, con tiempo para la reflexión y el recuerdo para muchas
personas que no han podido hoy estar aquí, pero que han contribuido con su
trabajo y pleno compromiso a que de nuevo se restituya la reparación de unos
acontecimientos que jamás debieron de ocurrir. Y la reflexión profunda de saber
que con este nuevo acto de hoy volvemos a cerrar otra página de la historia de
esta localidad, donde nos hemos atrevido a tomar decisiones que otros no se
atreven todavía a tomar, por miedo aún o recelos del pasado. Una localidad,
Aguilar, que cierra páginas hasta ahora desconocidas, y lo hace de acuerdo con
la normalidad que se supone ha de ser hoy, enterrar de una vez a todos los
muertos y “desaparecidos”, victimas de la represión del franquismo.
Sus frágiles cuerpos han
sido inhumados en un espacio rodeado de muros de piedra, junto a los suyos,
como siempre debió de ser. He de decir que contemplando su inhumación los
olores me han traído aromas del tiempo y el pasado lejos ya de un posible futuro
de dolor, sin nadie a quien llorar ni enterrar.
José María Tubino
Montesinos y su hija Carmen Tubino Tubino, descansan por fin en paz.
Autor: Rafael Espino Navarro